CREE SOLAMENTE

23.03.2022

"CREE SOLAMENTE"

(Por el pastor Emilio Bandt Favela)

"Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente"

(Marcos 5:36)

Sí. En muchas ocasiones todo lo necesario es solamente creer, pero a veces eso tan simple nos parece tan difícil.

Nuestra mente educada en la lógica se opone tenazmente a creer en cosas extraordinarias, pero eso no es lo peor. A veces somos tan necios que aun viendo las evidencias palpables nos negamos a reconocer la existencia y la intervención del Creador.

Los científicos de la NASA nos proporcionan datos realmente maravillosos. Nuestra galaxia, conocida como la Vía Láctea, contiene más de cien millones de estrellas. Y eso que es una de las más pequeñas, porque hay unos verdaderos gigantes espirales con cientos de millones de estrellas y sistemas planetarios.

Esos científicos afirman que hay más de cien mil millonesde galaxias en lo que se conoce del universo hasta hoy.

Sin embargo, uno de ellos, el Dr. Karl Sagan, de renombre mundial y que es toda una autoridad en la astronomía no cree que Dios haya creado ese vasto y asombroso universo.

Dice el apóstol Pedro, refiriéndose a gente como ellos que son personas que voluntariamente deciden ignorar la verdad que

un Creador Todopoderoso hizo todas estas cosas: "Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra..." (2 Pedro 3:5).

Pero aquí, lo importante es usted, amable lector. ¿Puede usted creer? Y no estoy hablando de creer que hay un Dios. Eso todo el mundo puede hacerlo, muy a su manera, pero lo cree.

¡No! Quizá la pregunta correcta sería: ¿Cree usted a Dios?

Una cosa es creer en Dios y otra muy, pero muy distinta es creerle a Dios.

Nosotros como cristianos no tenemos problema en creer en Dios, sin embargo, es cuando se presentan las circunstancias difíciles, los problemas más agudos, las aflicciones más sentidas, aquellas cosas en las cuales nos parece que no hay remedio alguno, y que debiéramos con mayor razón ejercer nuestra fe, es cuando mayor dificultad tenemos para creerle a Dios.

Mire el ejemplo de Abraham. Cuando Dios lo llamó y le dijo que saliera de su tierra y de su

parentela era un hombre de avanzada edad: "... Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán" (Génesis 12:4).

En esa misma aparición, Dios le dijo que en su simiente serían benditas todas las familias de la tierra. Más adelante le confirmó que su descendencia sería muy grande: Como el polvo de la tierra (Génesis 13:16); como las estrellas del cielo (Génesis 15:5); como la arena del mar (Génesis 22:17).

Sí. Allí estaba la promesa de Dios y Abraham la creyó: "Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia" (Génesis 15:6).

¿Lo notó usted? Dice la Sagrada Escritura que creyó a Jehová.

Abraham, sin duda, creía en Dios, pues fue capaz de salir de su natal ciudad de Ur de los Caldeos e ir a una tierra que no conocía. Pero, ahora, en esta circunstancia de su vida además de creer en Dios, le creyó a Dios. Creyó en su Palabra y en sus Promesas.

Pablo testifica de él y dice que durante todo el tiempo mientras esperaba la promesa divina: (1) No permitió que su fe perdiera la esperanza: "Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia" (Romanos 4:18); (2) No permitió que su fe se debilitara: "Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara" (Romanos 4:19) y (3) No permitió que su fe dudara: Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios" (Romanos 4:20).

Y eso que habían por lo menos tres fuertes factores para debilitar la fe de cualquiera: (1) Su avanzada edad, pues era de casi cien años; (2) La avanzada edad de su esposa pues era de noventa años. (3) La esterilidad de la matriz de su esposa Sara. Algunas versiones en español, como la Reina Valera Revisada 1909, dicen que su matriz estaba muerta. Pablo usa en el original griego en Romanos 4:19, la palabra nekrosis que significa muerte.

Pues Abraham creyó a Dios y sostuvo su fe contra viento y marea.

Este hecho es tan significativo que varias Santas Escrituras lo registran: (1) "Y creyó a Jehová..." (Génesis 15:6). (2) "... Creyó Abraham a Dios..." (Romanos 4:3). (3) "... delante de Dios, a quien creyó..." (Romanos 4:17). (4) "Así Abraham creyó a Dios..." (Gálatas 3:6). (5) "... Abraham creyó a Dios..." (Santiago 2:23).

Siendo reiterativo, note que en todos los textos bíblicos anteriores se subraya el hecho de que Abraham creyó a Dios. ¿Puede usted también creerle a Dios? ¿Puede usted aferrarse a

esa promesa del Señor relacionada con su necesidad? ¿Es su fe capaz de, literalmente arrancar, la bendición tan esperada, como lo hizo aquella mujer que tocó el manto de Jesús?

Amados, así como Abraham, tenemos que seguir creyendo, aun cuando las cosas parezcan inalcanzables. Aun cuando al parecer no haya remedio o son cosas imposibles. Recordemos que Dios, nuestro Buen Padre Celestial, se especializa en casos difíciles. Y lo que a nuestros ojos es imposible, para ÉL no lo es, porque todas las cosas son posibles para Dios.

Mire la fe de un hombre llamado Jairo. Él era el principal en la sinagoga y fue a buscar desesperadamente a Jesús para rogarle por su hija, como de doce años, que estaba en agonía. Cuando hablaba con el Maestro, vinieron de su casa y le dijeron: "Tu hija ha muerto; ¿Para qué molestas más al Maestro? (Marcos 5:35). Pero Jesús oyendo lo que se le decía a Jairo, le dijo a su vez: "No temas, cree solamente" (Marcos 5:36).

La situación de Jairo no podía empeorar más. Su pequeñita había enfermado, se agravó, entró en agonía y finalmente murió.

Sí. La situación empeoró para los hombres, pero no para nuestro Señor Omnipotente. Por eso, con voz de autoridad le consoló: "No temas, cree solamente".

Quizá nos parece que nuestra situación empeora, pero es aquí, precisamente, donde el Señor nos dice lo mismo que a Jairo: "No temas, cree solamente".

La Biblia nos narra que un padre de familia llevó a su hijo que era atormentado por un espíritu malo hasta donde estaba Jesús. El padre de familia le dice al Señor que si puede hacer algo, que lo haga por compasión a ellos. Pero el Señor Jesucristo le devuelve la frase diciéndole: ¿Cómo si tú puedes? O como dice la versión Biblia de Jerusalén: "¿Qué es eso de si puedes? Ya que su poder divino no está en tela de duda, sino la fe del que pide su misericordia. Por eso el Señor agrega una de las más hermosas verdades del evangelio: "Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible" (Marcos 9:23).

¿Lo observó usted? El Salvador le dijo a aquel hombre que si podía creer. Lo mismo nos dice a nosotros: ¿Puedes creer?

Creer no solamente en Dios, sino creerle a Dios traerá alegría y regocijo a su corazón y al corazón de los suyos. Mire lo que dice la Palabra de Dios acerca de un hombre que era carcelero y que tuvo la oportunidad de escuchar el evangelio de labios de Pablo y Silas. Pero él no solo creyó lo que le decían los apóstoles, sino sobre todo, le creyó a Dios: "Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios" (Hechos 16:34).

Y es que todo lo concerniente a la vida cristiana, en este binomio se resume. Por un lado, tenemos la parte de Dios que son sus preciosas y grandísimas promesas y su cabal cumplimiento. Y por otro lado, está la parte del hombre la cual consiste en solo creer. Eso es precisamente lo único que nos corresponde hacer y nos es imprescindible hacerlo porque la Escritura dice: "Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan" (Hebreos 11:6).

Necesitamos creer para que se cumplan en nosotros las promesas de Dios.

Mire también la fe de María, la que fue madre terrenal de Jesús. A ella, un ángel santo de Dios llamado Gabriel, se le apareció y le comunicó que, aun siendo virgen, concebiría y daría a luz un hijo al cual pondría por nombre Jesús porque ÉL salvaría a su pueblo de sus pecados.

Pero María necesitó creer en lo que el Señor le anunciaba a través del ángel. El nacimiento de Jesús en este mundo no hubiera sido posible sin la fe de esta sencilla doncella.

Vea lo que le dijo su parienta Elizabeth cuando María

fue a visitarla desde Nazaret hasta Judea: "Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor" (Lucas 1:45).

Elizabeth felicita a María y la llama bienaventurada porque creyó y dice que en razón de esa fe, se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor.

A veces pensamos que las cosas se dan automáticamente, pero no es así. Es necesaria la fe de los protagonistas. Como Sara, la esposa de Abraham. A ella también se le dijo que en su vejez concebiría y daría a luz un hijo y que llamaría su nombre Isaac. Aun cuando al escuchar aquello Sara se rio, lo cierto es que también creyó.

Mire la Palabra de Dios dice: "Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido" (Hebreos 11:11).

Sí. Sara creyó que Dios es fiel en cumplir sus promesas. La fuerza para concebir siendo estéril y la fortaleza para dar a luz aun a tan avanzada edad las recibió en virtud de su fe.

Y será en virtud de nuestra fe, amados hermanos, que recibiremos esa bendición tan anhelada, ese satisfactor a nuestra necesidad que tanto esperamos, esa ansiada solución al problema que tanto nos aqueja. En virtud de nuestra fe, veremos cómo se torna en maravillosa y asombrosa realidad ese tremendo milagro por el cual hemos orado tan fervorosa y fervientemente.

Cree solamente, le dijo el Redentor a Jairo. Cree solamente nos dice nuestro Amante Señor. Recordemos siempre esta máxima de la vida cristiana: "... Conforme a vuestra fe os sea hecho" (Mateo 9:29).

Cuenta la Biblia de otro hombre que era un oficial del rey. Él tenía un hijo que estaba enfermo y cuando el Señor Jesús llegó a Galilea, enseguida fue a verlo y a rogarle que fuera hasta Capernaum para que sanara a su hijo.

El Maestro le dijo: "... Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue" (Juan 4:50). Ese hombre viajó un día de camino solo con la firme esperanza en la palabra de Jesús. Cuando ya llegaba a su casa, le encontraron sus siervos y le dieron la buena nueva de la salud de su hijo. Cuando él preguntó a qué hora empezó a estar mejor, ellos le dijeron que ayer a las siete le dejó la fiebre. Entonces el hombre comprendió que esa había sido la hora en que el Señor le había dicho que su hijo estaba sano y creyó en Jesús con toda su familia.

El Señor nos conceda ejercitar eficazmente nuestra fe.


RINCÓN PASTORAL:"EL MAESTRO ESTÁ AQUÍ"

¡Por favor! Nunca permita que pase por su mente el pensamiento de que el Señor es solo observador, bastante indiferente, de nuestros problemas, enfermedades, necesidades y tiempo crítico.

En la historia de Lázaro podemos observar que aun cuando las cosas en apariencia empeoren contamos por lo menos con tres cosas de nuestro Divino Salvador: (1) Contamos con la Presencia de Cristo: "... El Maestro está aquí..." (Juan 11:28). (2) Contamos con la Pasión de Cristo: "Jesús lloró" (Juan 11:35). Y (3) Contamos con la Potencia de Cristo: "Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! (Juan 11:43).

La situación de Lázaro era una condición bastante difícil, pero no para nuestro Todopoderoso Señor y Salvador.

"Para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios"

(1 Corintios 2:5).